Mostrando entradas con la etiqueta anticonsumismo. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta anticonsumismo. Mostrar todas las entradas

domingo, 18 de junio de 2017

Reto 30-30



Vuelvo a la carga con los retos minimalistas. Esta vez planteo uno al que he llamado "Reto 30-30" y consiste en desprenderse de 30 cosas durante 30 días, a razón de una cosa al día. Simple ¿verdad?

No hay nada nuevo bajo el Sol. Seguro que a alguien se le ha debido ocurrir antes que a mí esta idea, la ha puesto en práctica y hasta la ha debido posteartwittear, facebookear o instagramear. En una búsqueda muy ligera por los territorios de Google, yo no he encontrado nada que sea exactamente igual (sí he encontrado retos parecidos), si alguien lo localiza, por favor, que lo diga en un comentario.

Objetivo


El objetivo de este reto es el de tomar conciencia de lo que realmente necesitamos y fortalecer el hábito de revisar nuestras posesiones.

Hay cosas - normalmente son pocas - que realmente aportan algo a nuestra vida y nos enriquecen de alguna manera. Otras cosas, por el contrario, no nos proporcionan ningún beneficio y, a pesar de ello, ocupan un espacio físico y requieren de cuando en cuando nuestra atención. Cualquier objeto que poseamos necesitará alguna vez que lo limpiemos, que le busquemos un sitio en la casa, que lo mantengamos funcionando correctamente, si es que se trata de un artilugio mecánico o electrónico, que paguemos impuestos en determinados casos, etc, etc, etc.

El hábito de revisar nuestras pertenencias para deshacernos de lo que no nos sirve deberíamos tenerlo muy bien interiorizado para aplicarlo cuando sea necesario. No obstante, como todos los hábitos, si no se practica de vez en cuando de forma deliberada puede que se vaya olvidando... y aquí es donde entran en juego los retos y los experimentos minimalistas.


Reglas


  • Hay que desprenderse cada día de una cosa. Podemos tirar, donar o vender; el caso es  quitarnos de encima algo que ya no nos hace falta.
  • No se tienen en cuenta los reemplazos. Por ejemplo, no vale donar una camiseta si me compro una nueva.
  • Hay grupos de cosas que cuentan como una. Por ejemplo, puedo vender una caja de clips pero no tendría mucho sentido intentar venderlos sueltos, de uno en uno.

Inicio, fin y seguimiento


El reto comienza el miércoles 21 de junio y termina el jueves 20 de julio. Durante cada uno de los días que dura el reto elegiré algo de lo que desprenderme.

Cada cierto tiempo - cada semana más o menos - rendiré cuentas en Mínimo escribiendo artículos en los que iré contando mi progreso.

Al finalizar el reto, escribiré una entrada en la que haré balance y os contaré las dificultades y anécdotas que se hayan ido sucediendo.

Participa y comparte


Como siempre que planteo un reto, os invito a participar. Intentadlo vosotros si os apetece deshaceros de un buen puñado de cosas que ya no os sirven. Tenéis a vuestra disposición la sección de comentarios, estaré encantado de conocer vuestra experiencia durante estos 30 días.

Por primera vez voy a usar Twitter para hacerme eco de un reto minimalista. Voy a utilizar los hashtags #Reto3030 y #MinimoBlog desde mi cuenta @luisjoseprofe. Os invito a usar esos mismos hashtags si tenéis cuenta de Twitter y vais a participar en el reto.

¿Te animas a desprenderte de 30 cosas en 30 días? Únete al reto.

sábado, 30 de agosto de 2014

En busca de la camiseta perfecta

Fotografía: web europea de Icebreaker (http://eu2.icebreaker.com)

De dónde vengo y hacia dónde voy en mi manera de vestir

Cuando uno descubre el minimalismo existencial, empieza a leer blogs sobre el tema y comienza con sus primeras podas minimalistas y sus primeros retos, una de las primeras torres que caen es la ropa.

La publicidad y el entorno nos incita a comprar ropa que no necesitamos para estar a la moda o para tener suficiente variedad y cambiar a diario lo que vestimos.

Comprar ropa en exceso hace que se llene el armario y que se cumpla la Ley de Pareto: el 80% del tiempo nos ponemos el 20% de la ropa. La ropa se amontona mientras seguimos comprando y comprando.

"Eliminar lo innecesario y centrarse en lo importante", este es el mantra del minimalismo. Aplicar este principio a la ropa, nos lleva a seguir unas pautas en cuanto al consumo de prendas de vestir:
  • Comprar solo la ropa necesaria, si es preciso haciendo una lista previamente y evitar a toda costa las compras compulsivas.
  • Elegir prendas de calidad. Suelen costar más en principio pero a la larga salen más baratas ya que duran más.
  • Comprar ropa de corte clásico que no pase de moda y que sirva de una temporada para otra.
  • Usar prendas de colores lisos y sin estridencias ya que son más fáciles de combinar y cuesta menos repetir.
Un reto muy interesante para tomar conciencia de la ropa que realmente usamos es el Proyecto 333 que consiste en usar únicamente 33 prendas (incluyendo ropa, calzado y accesorios) durante 3 meses. Si no lo has hecho todavía, te lo recomiendo, para mí fue toda una revelación.

Desde aquel Proyecto 333 del 2011 ha llovido mucho. Ya en el 2013 reconocía en un artículo que visto igual o casi igual todos los días: toda mi ropa interior es exactamente igual, tengo varios pantalones vaqueros que son casi iguales y son los únicos que me pongo. Aunque en la parte de arriba sí que he ido variando las prendas. Para el trabajo solía ponerme alguna camisa discreta de color blanco, azul o a rayas. Después, para salir a la calle y los fines de semana, casi siempre iba más informal, con camiseta y sudadera.

Llegado a este punto y aprovechando las vacaciones de verano para experimentar y reflexionar, le he dado una vuelta de tuerca más al tema de la ropa y ahora sí que puedo decir con rotundidad que VISTO EXACTAMENTE IGUAL TODOS LOS DÍAS. Para ser preciso, visto exactamente igual todos los días desde el 20 de agosto de 2014. Son apenas 10 días desde entonces hasta el momento de publicar este artículo, pero no me podía contener, os lo tenía que contar porque esto va para largo y para mí significa un punto de inflexión en mi modo de ver la vida y una liberación casi inefable.

El uniforme en cuestión

Con la parte de abajo lo tengo fácil, empezando por unos zapatos polivalentes y siguiendo con unos vaqueros, punto. Ahora en verano llevo unos zapatos calados y unos vaqueros cortos y cuando pase el calor, los cambiaré por unos zapatos cerrados y unos vaqueros rectos de toda la vida. Si tenéis curiosidad, le puedo dedicar un post próximamente a los zapatos y los vaqueros.

Vamos ahora con lo difícil, la parte de arriba. Le he dado muchas vueltas al asunto. He barajado muy seriamente la posibilidad de llevar siempre una camisa blanca que queda bien en cualquier situación y es fácil de conseguir en cualquier tienda. La idea era llevar camisa blanca de manga corta en verano y de manga larga en invierno. Finalmente he descartado esa opción en favor de una camiseta. Aquí van las razones:
  •  Aunque me veo bien tanto con camisa como con camiseta, me siento más cómodo con una camiseta.
  • El cuello y los puños de una camisa se ensucian con mucha facilidad y tendría que cambiármela a diario o, con suerte, cada dos días.
  • Un pequeño cambio físico puede hacer que una camisa no quede bien. Ya me ha pasado varias veces que al engordar o adelgazar, o tras volver al gimnasio, una camisa que me quedaba perfecta, se ve apretada por según qué partes. Una camiseta sin embargo ofrece mucho más margen a los cambios en el físico.
  • Llevar camiseta en un entorno en el que la mayoría de la gente viste de manera más o menos formal me da un puntito de irreverencia que me gusta. Si una situación en particular requiere formalidad en el vestir, más abajo cuento cómo salvar los muebles.

El color de la camiseta

Bien, una vez que he decidido vestir todos los días con una camiseta, tengo que elegir el color.

Para empezar, quedan descartados todos los estampados, dibujos o inscripciones sean del tipo que sean. La camiseta debe ser de un color liso. También descarto de entrada los colores chillones ¿os imagináis vestir todos los días de amarillo o fucsia? Los candidatos son los colores neutros: blanco, negro y toda la gama de grises.

Una camiseta blanca lisa la asocio inmediatamente a la ropa interior, descartada. La camiseta negra está bien pero no quiero vestir de negro todos los días. Además, el color negro de la ropa se suele ir perdiendo con el uso intensivo y los lavados frecuentes hasta quedar en un negro apagado feucho.

El gris claro lo asocio a los pijamas (cada uno tiene sus fijaciones). Finalmente opto por el gris oscuro, me parece elegante y discreto y con unos vaqueros queda perfecto.

No quiero ser una valla publicitaria

Tengo muy claro que no quiero ser un hombre anuncio. Por muy buenas que sean las prendas que llevan un cocodrilo o un jinete montado en su caballo, una condición indispensable que tiene que cumplir mi camiseta es la de no tener visible el nombre de la marca o el logotipo. O si está visible, que sea de una forma muy muy discreta, que casi no se aprecie.

La camiseta que he elegido finalmente es la que sale en la imagen que acompaña a este artículo. La podéis ver directamente en su web mediante este enlace (el color es "monsoon"). Como se puede apreciar en la foto, el logotipo está bordado con hilo del mismo color que la prenda y casi no se ve.

El tejido de la camiseta

La mayoría de camisetas disponibles en el mercado son de algodón, o de una mezcla de algodón con fibra sintética. Y la gran mayoría de ellas son de mala o muy mala calidad, aunque buscando, como siempre, también es posible encontrar camisetas de algodón bien hechas, que no se deforman a los pocos lavados y que no pierden el color.

El algodón es una fibra natural que tiene muy buen tacto y transpira muy bien, pero que tiene un serio inconveniente, al menos para mí. A poco que sudes una camiseta de algodón, cuando se seca huele fatal; y al final pasa como con las camisas, que hay que cambiarlas prácticamente a diario.

Para encontrar camisetas que aguanten mucho uso, que transpiren bien y que no huelan a las primeras de cambio hay que irse a marcas técnicas que fabrican ropa deportiva. Tengo dos camisetas de la marca Marmot que son indestructibles, una de ellas me acompañó en El Camino de Santiago y todavía me la pongo para ir al campo. También tengo muy buena experiencia con las camisetas de la marca Under Armour.

Las camisetas técnicas están fabricadas con fibra sintética y el tacto no es tan agradable como el de las camisetas de algodón. Incluso tienen un brillo (unas camisetas más que otras) que delata la fibra artificial.

Después de mucho indagar descubro que hay prendas hechas con lana de oveja merina que, por lo que cuentan, todo lo que tienen son ventajas: tienen un tacto suave, transpiran bien, son fresquitas en verano y calentitas en invierno y tienen propiedades antibacterianas, lo que evita los malos olores.

Un tanto escéptico pedí por internet la camiseta de la foto. Es de la marca Icebreaker, que está especializada en prendas fabricadas con lana de oveja merina. Todavía es pronto para hablar de la durabilidad, pero por el momento ratifico al 100% las características casi mágicas que se le atribuyen al producto, ya tengo en camino un pedido de Amazon (Icebreaker Tech T Lite) con otras dos camisetas exactamente iguales a la que me estoy poniendo ahora. Parezco un comercial de la marca, pero al César lo que es del César.

¿Y si necesito vestir de manera formal?

Algunos pensaréis que una camiseta y unos vaqueros es una vestimenta muy informal y es cierto; pero si te pones encima una americana, la cosa cambia. Para muestra un botón:


Ya sé que la percha influye mucho, pero no me podéis negar que queda "guay". Con una americana como parte del uniforme se puede salir airoso de cualquier situación medianamente formal. En casos de "extrema" formalidad puede que no resulte una indumentaria adecuada, pero como no tengo en mi horizonte cercano recibir un Óscar o un Nóbel, de momento no me preocupa.


sábado, 25 de agosto de 2012

Cero deudas



He cancelado mi hipoteca y me he quedado sin deudas ¡Gracias, Dios mío! ¡Gracias, minimalismo!

Todavía recuerdo cuando tenía hábitos consumistas y me gastaba un dineral en cosas que no necesitaba. Si no tenía dinero no gastaba, pero si lo tenía, me lo gastaba en cosas que ahora me parecen superfluas e innecesarias. Por ejemplo, solía comprar ropa simplemente porque estaba de oferta aunque tuviera el armario lleno. Ahora me compro una camisa cuando la necesito y además la compro de buena calidad para que me dure y de un estilo clásico para que no pase de moda de una temporada para otra.

Desde que cambié mis hábitos de consumo he adquirido la sana costumbre de ahorrar algo todos los meses. Hace un par de años hice una cancelación parcial de la hipoteca de forma que la cuota mensual quedó reducida. Seguí ahorrando - a pesar de que me recortaron el sueldo - y, por fin, este verano he conseguido hacer la cancelación total, gracias a lo cual ahora mismo no le debo un céntimo a nadie.

No soy rico, ni siquiera soy una persona libre desde el punto de vista financiero - me hace falta seguir trabajando para vivir - pero creo que he dado un gran paso en mi vida en lo referente a las finanzas al quedarme sin deudas.

En este estado de semi-nirvana en el que me encuentro por haberme quitado las cadenas de la hipoteca no puedo dejar de predicar a los cuatro vientos "¡Ahorra, amigo mío, ahorra! ¡Ahorra todos los meses y quítate las deudas de encima!" Ya sé que la situación económica es difícil y muchos habéis visto mermados vuestros salarios (y afortunados los que tienen salario). Intenta ahorrar al nivel que puedas. Evidentemente es mejor ahorrar 1000 euros que ahorrar 200 y mejor ahorrar 200 que ahorrar solo 5 euros. Pero aunque ahorres tan solo 5 euros ya estarás consiguiendo un balance positivo en tu cuenta. Lo importante es adquirir el hábito de gastar siempre menos de lo que ingresas y conseguir... ¡vivir sin deudas!

domingo, 11 de marzo de 2012

Videos de la charla sobre minimalismo

Aquí tenéis los videos de la charla sobre minimalismo que tuvo lugar el pasado jueves 1 de marzo en La Casa Invisible de Málaga.

Quiero expresar mi agradecimiento a todos los asistentes. Fue muy interesante el debate que se generó después de la presentación. Es un placer contar con gente tan entusiasta y participativa en un encuentro de este tipo.

También quiero darle las gracias a Salvador, de Ecologistas en Acción, por haberme invitado a dar la charla y a Elena por haber grabado los videos.







sábado, 3 de marzo de 2012

Minimalismo, trabajo, ingresos...

Minimalismo y sostenibilidad son dos corrientes de pensamiento que encajan perfectamente. Es por eso que son bienvenidas las colaboraciones de blogueros que escriben sobre este tema. En esta ocasión, tengo el placer de ofreceros un artículo de José Galindo que escribe en BlogSOStenible.


Aunque la filosofía minimalista es, en esencia, muy simple, tiene implicaciones colaterales importantes. La esencia es la austeridad en la vida, siguiendo el ejemplo, entre otros, de aquellos ancestrales filósofos ascetas griegos y romanos. Los motivos para consumir menos pueden ser diversos, aunque hoy día la crisis económica y ambiental ofrecen argumentos muy sólidos. Ante la dificultad de un cambio sustancial y urgente, se sugieren cambios paulatinos, experimentos minimalistas, para ir asimilando un nuevo modelo de vida.

Pero en esta filosofía no es sólo importante poseer pocas cosas, sino también aprovecharlas bien, hasta el final de su vida útil: Lo viejo puede ser también útil. No es muy razonable tener pocas cosas pero cambiarlas continuamente (cambiar de teléfono, o de ordenador, es muy costoso social y ambientalmente hablando… recordemos el problema del mineral coltán, por poner un ejemplo).

El minimalismo conduce irremisiblemente a darse cuenta que necesitamos menos de lo que pensábamos, incluyendo menos salario, por lo podría percibirse que sobra dinero. Hay que cuidar en qué se emplea ese dinero extra, porque en muchos casos se ha llegado a la conclusión de que consumir menos no sirve de nada. Por tanto, lo mejor sería poder reducir nuestra jornada laboral (y nuestros ingresos), y contribuir así a repartir mejor el empleo y la riqueza. Por desgracia eso no es posible en muchas ocasiones, por la estructura del trabajo. Pero puede cambiarse. Los ciudadanos queremos unos gobernantes dispuestos a sacarnos de la crisis repartiendo la riqueza (y el empleo), más que fomentando el consumo y un crecimiento económico que es una utopía. Reducir la jornada laboral es un paso inevitable hacia una economía sostenible, y con muchas ventajas añadidas.

Al menos, los gobiernos deberían estudiar la posibilidad de fomentar que el trabajador que lo desee pueda voluntariamente reducir su jornada laboral, repartiendo parte de su trabajo y sueldo con tanta gente sin trabajo. La solución a las crisis económica y ambiental pasa, inevitablemente por el trabajo a tiempo parcial, y más austeridad en los países ricos.

Salirse, aunque sea un poco, del sistema consumista es contribuir al necesario decrecimiento económico en los países ricos. No puede ser complicado porque realmente necesitamos pocas cosas. Pero puede ocurrir que una persona que tienda al minimalismo existencial choque con sus familiares si no están en la misma onda. En estos casos hay que recurrir a la imaginación, el diálogo, el humor, y la paciencia.

Más información:

miércoles, 22 de febrero de 2012

Charla sobre minimalismo


Aceptando la amable invitación de Salvador Arijo, de Ecologistas en Acción, daré una charla sobre minimalismo el próximo jueves día 1 de marzo a las 19:30h en La Casa Invisible de Málaga.

Hablaré sobre el minimalismo existencial como medio para salir de la espiral consumista de la sociedad actual y ganar así calidad de vida. Contaré mi experiencia personal y, cómo no, hablaré de experimentos minimalistas como El Proyecto 333 o El Camino de Santiago sin Mochila.

Después de una breve exposición del tema, daremos paso a una charla-coloquio para compartir opiniones y experiencias.

¡Os espero en La Invisible!

sábado, 25 de diciembre de 2010

¿Qué no tendrías si fueras rico?


Hace tiempo leí no sé dónde que en el futuro sólo los muy ricos y poderosos podrán prescindir del teléfono móvil. Fue una idea que me chocó y a la que le estuve dando vueltas en la cabeza durante mucho tiempo. En principio parece un contrasentido ya que el móvil es casi como un indicador de estatus y, normalmente, cuanto más dinero tiene alguien, más caro y sofisticado es su teléfono móvil. Aunque pensándolo bien tiene su lógica, una persona lo suficientemente rica y poderosa no tendría necesidad de estar atado al trabajo y a las obligaciones, que es en definitiva lo que hace el móvil.

Yo creo que, aunque fuese rico, no prescindiría del móvil, pero lo utilizaría sólo en caso de emergencia. Pero sí que prescindiría de otras posesiones que se darían por obvias en alguien que tiene mucho dinero.


No tendría coche

Me gusta conducir, pero no me gusta meterme en un atasco a diario para ir a trabajar. Si fuera rico, no tendría coche. Para desplazarme usaría el coche de Fernando - un rato a pie y otro andando - o cogería un taxi cuando la distancia a recorrer fuese demasiado grande o cuando no tuviera ganas de andar.
Cuando quisiera matar el gusanillo, alquilaría un Porsche 911 o un Lamborghini Murciélago o lo que me viniera en gana.
No tener que preocuparte por el aparcamiento, el seguro, las revisiones, el cambio de neumáticos, la subida de la gasolina, si te lo roban, si te lo rayan o si le rompen los cristales debe ser como liberarte de un estreñimiento crónico.


No tendría segunda vivienda

Lo confieso, durante muchos años he soñado con una segunda vivienda - una casa enorme con jardín y piscina en la que pasar las vacaciones y los fines de semana. Afortunadamente ha llegado a mi vida el minimalismo antes que el dinero suficiente para comprarla. Hoy día, aunque fuese rico, no me compraría una segunda vivienda. Tener una segunda casa implica mantenerla y, aunque no me encargara yo mismo de cortar el césped ni de limpiar los cuartos de baño, la preocupación por tenerla en condiciones no me la podría quitar de la cabeza. Además, estaría casi obligado a pasar allí el tiempo de ocio. Prefiero tener la posibilidad de ir a cualquier parte del mundo. Prefiero viajar y visitar lugares diferentes cada vez que tengo la oportunidad.


No tendría barco

Mi amigo Alejandro tiene un precioso velero al que nos invita a los amigos de cuando en cuando para dar una vuelta y tomarnos unas copas. Por cierto, Ale, si lees este artículo, recuerda que hace tiempo que no hacemos ninguna fiesta en tu barco ;) Bueno, a lo que iba, los propietarios de barcos suelen comentar no sin cierta ironía, que los dos días más felices de sus vidas son el día en que se compran el barco y el día en que consiguen venderlo. Uno se puede imaginar lo que implica tener un barco amarrado: lo mismo que tener un coche pero multiplicado por veinte (por lo menos). Si fuera rico, no tendría barco. Alquilaría uno junto con su tripulación cada vez que quisiera o, lo que es mejor, seguiría disfrutando de las estupendas juergas fiestas que monta mi amigo Ale.

Y tú, ¿de qué prescindirías si fueras rico?