sábado, 3 de marzo de 2012

Minimalismo, trabajo, ingresos...

Minimalismo y sostenibilidad son dos corrientes de pensamiento que encajan perfectamente. Es por eso que son bienvenidas las colaboraciones de blogueros que escriben sobre este tema. En esta ocasión, tengo el placer de ofreceros un artículo de José Galindo que escribe en BlogSOStenible.


Aunque la filosofía minimalista es, en esencia, muy simple, tiene implicaciones colaterales importantes. La esencia es la austeridad en la vida, siguiendo el ejemplo, entre otros, de aquellos ancestrales filósofos ascetas griegos y romanos. Los motivos para consumir menos pueden ser diversos, aunque hoy día la crisis económica y ambiental ofrecen argumentos muy sólidos. Ante la dificultad de un cambio sustancial y urgente, se sugieren cambios paulatinos, experimentos minimalistas, para ir asimilando un nuevo modelo de vida.

Pero en esta filosofía no es sólo importante poseer pocas cosas, sino también aprovecharlas bien, hasta el final de su vida útil: Lo viejo puede ser también útil. No es muy razonable tener pocas cosas pero cambiarlas continuamente (cambiar de teléfono, o de ordenador, es muy costoso social y ambientalmente hablando… recordemos el problema del mineral coltán, por poner un ejemplo).

El minimalismo conduce irremisiblemente a darse cuenta que necesitamos menos de lo que pensábamos, incluyendo menos salario, por lo podría percibirse que sobra dinero. Hay que cuidar en qué se emplea ese dinero extra, porque en muchos casos se ha llegado a la conclusión de que consumir menos no sirve de nada. Por tanto, lo mejor sería poder reducir nuestra jornada laboral (y nuestros ingresos), y contribuir así a repartir mejor el empleo y la riqueza. Por desgracia eso no es posible en muchas ocasiones, por la estructura del trabajo. Pero puede cambiarse. Los ciudadanos queremos unos gobernantes dispuestos a sacarnos de la crisis repartiendo la riqueza (y el empleo), más que fomentando el consumo y un crecimiento económico que es una utopía. Reducir la jornada laboral es un paso inevitable hacia una economía sostenible, y con muchas ventajas añadidas.

Al menos, los gobiernos deberían estudiar la posibilidad de fomentar que el trabajador que lo desee pueda voluntariamente reducir su jornada laboral, repartiendo parte de su trabajo y sueldo con tanta gente sin trabajo. La solución a las crisis económica y ambiental pasa, inevitablemente por el trabajo a tiempo parcial, y más austeridad en los países ricos.

Salirse, aunque sea un poco, del sistema consumista es contribuir al necesario decrecimiento económico en los países ricos. No puede ser complicado porque realmente necesitamos pocas cosas. Pero puede ocurrir que una persona que tienda al minimalismo existencial choque con sus familiares si no están en la misma onda. En estos casos hay que recurrir a la imaginación, el diálogo, el humor, y la paciencia.

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